NECápsulas – Capítulo 1

Mudanza: sorpresa, que sea buena o si no que se detenga. Me sorprendo rescatando esa vieja frase, agazapada entre memorias. Mi madre la susurraba siempre que su camino se cruzaba con el de un camión de transportes.

La repito, una y otra vez, en alto y con los ojos bien cerrados. Que se detenga, por piedad, que se detenga. Ojalá cayera el Diluvio Universal, pido que falle Matrix, que llegue el Armageddon, que hoy se cumpla el Apocalipsis. Esta mudanza debe, tiene que detenerse.

Pero el mundo hace oídos sordos a mis plegarias. No hay razones, ni promesas, ni viejas frases que valgan cuando se vive atrapado en ciudades con síndrome de abstinencia, en síncopa de claxon, drogadas de ansia por llegar a alguna parte.

Firmo el albarán de entrega y miro por última vez al furgón que se aleja, calle abajo, portando consigo el sello de mi sentencia de muerte. No me queda más remedio que subir resignado la última de las cajas de cartón, saturada de objetos que ya nada importan.

Abro la puerta y la siento cerrarse tras de mí. Me quedo a solas con el silencio, rodeado de paredes ajenas, pintadas de un blanco sin alma y que sudan también un insoportable olor a humedad y a cerrado. Me quedo inmóvil durante un rato, regocijándome en el dolor de la soledad, mirando las motas de polvo que bailan aturdidas por encima de muebles, bolsas y maletas que, como yo, buscan un sitio en el que ubicarse.

Esta, definitivamente, no es una mudanza de las buenas.

Imagen

Detrás de esta cápsula: 
Creía que abrir con un cambio de escenario era un buen punto de partida. Mudanza, sorpresa, que sea buena o si no que se detenga. Esa frase de mi madre, que siempre pronuncia para ella misma, inconscientemente, esa manera tan gallega y supersticiosa de desear lo mejor a todos los que van a vivir a otro lugar, me servía también a mí, que empezaba una historia con el miedo iniciático de no saber terminarla.
Cómo actúa alguien que piensa que renovarse es morir, el que le obligan a empezar de nuevo, el que está agotado y sigue trabajando a pesar de que sabe que todo ese esfuerzo va en contra de sus verdaderos deseos. A quién imploras cuando estás solo, y cierras los ojos porque dudas de que sea verdad todo lo que está pasando, y cuando los abres ves mucha gente a tu alrededor, escuchas mucho ruido y hueles a basura y podrido.
Quería hablar de las mudanzas no deseadas. De polvo y de Cajas tristes, de la canción de La Habitación Roja.

 

 

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