Ven conmigo esta noche

Te quiero así, desnuda, sin anestesias, ni resignaciones. Lo sé; estás cansada de esos hombres que solo te miran cuando quieren sexo, de los que te siguen engañando, de los que se aprovechan de ti. Yo no soy así.

Ven conmigo esta noche. Prometo no hacerte sufrir. Nunca. Conseguiré que tu vida sea más fácil, conmigo no tendrás que preocuparte por el mañana. No hablaremos de bancos, ni de facturas, no necesitaremos cinturones.

Prometo escucharte, estar a tu lado aunque no sea el momento, hacerte sentir mujer. Conmigo no tendrás que ir a comer los domingos a casa de mis padres, no habrá amigotes, ni familias políticas, ni mundiales, compartiremos las tareas domésticas.

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NECápsulas – Capítulo 1

Mudanza: sorpresa, que sea buena o si no que se detenga. Me sorprendo rescatando esa vieja frase, agazapada entre memorias. Mi madre la susurraba siempre que su camino se cruzaba con el de un camión de transportes.

La repito, una y otra vez, en alto y con los ojos bien cerrados. Que se detenga, por piedad, que se detenga. Ojalá cayera el Diluvio Universal, pido que falle Matrix, que llegue el Armageddon, que hoy se cumpla el Apocalipsis. Esta mudanza debe, tiene que detenerse.

Pero el mundo hace oídos sordos a mis plegarias. No hay razones, ni promesas, ni viejas frases que valgan cuando se vive atrapado en ciudades con síndrome de abstinencia, en síncopa de claxon, drogadas de ansia por llegar a alguna parte.

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